Mis mejores lecturas de 2025

Desierto y oasis, en ese orden. Durante el año pasado mi ritmo de lectura disminuyó por ocupaciones y preocupaciones personales, pero en los últimos meses tuve un subidón de adrenalina lectora. Como resultado, aumenté esos escasos ocho títulos a veintitrés en total leídos en el veinte veinticinco. 

La tendencia en ese corpus fue la literatura peruana. Tras un cuarto de ciclo, ya debería ser inevitable pensar de manera seria cuál es esa ficción que nuestra generación produce y hereda para futuros lectores, lo que también obliga de cierta manera a los reseñistas. Por mi parte, sin abandonar la producción no nacional, me parece urgente prestar una mirada más atenta a la avalancha publicada no solo en los últimos doce meses, sino en la pasada década. La historia literaria avanza y no debería pasarnos por encima. 

En ese sentido, para mi fue el año de los cuentarios. En contraste con cinco años atrás, cuando me parecía que abundaba aún la inexperiencia, los narradores cada vez tienen más soltura para elaborar ficción breve. Por supuesto, hay novelas muy buenas, pero el cuento tiene muy buena salud actualmente. 

Por todo lo escrito, quiero aclarar que esta no es la lista de los diez mejores libros peruanos publicados en 2025. Aparecieron alrededor de 500 títulos y es imposible leer ya no todo, sino la cuarta parte. De hecho, ninguna lista realmente es lo mejor de un año, sino de lo que aquel lector leyó, y como tal hay que tenerlos. En cambio, este es mi top de lecturas personales en las que mezclo autores, nacionalidades y épocas. No es la lista definitiva, pero sí todos estos libros merecen la pena como recomendaciones. 

Pero ahora sí, vamos al meollo. Me costó establecer un orden definitivo y el ejercicio de ordenarlos respondió más a la mejora en algunos aspectos entre cada libro que por una calidad excesivamente superior. Mis dudas solo estuvieron disipadas de manera clara en los primeros cuatro lugares, pero ya llegaremos allí. Por lo pronto… 

10. El camarada Jorge y el Dragón (Rafael Dumett): la figura de Eudocio Ravines está adquiriendo un resurgir con libros como el presente, que noveliza su vida personal y política. Por declaraciones del autor, sabemos que es el primero de tres, lo que se nota en el resultado final. La historia no tiene picos altos de tensión narrativa y hay cierta llaneza en el ritmo de la historia, pero, a cambio, la prosa destaca tanto como en El espía del inca por la capacidad para transitar de una voz a otra sin homogenizar a los personajes; respeta su individualidad y oralidad. Es el prólogo, y creo que lo mejor vendrá después. 

9. Melmoth el errabundo (Charles Maturin): el clásico de la novela gótica y considerada por muchos como su expresión cumbre, publicada en 1820. Sin duda es una obra ambiciosa, similar a lo que en el futuro serían las novelas totales latinoamericanas. Y es que la historia parte de un hecho simple, pero con tantas repercusiones, como el intento de un hombre inmortal por trasladar su maldición o pacto demoníaco a otro humano. Villano, antagonista, protagonista, Melmoth no siempre se encuentra en escena, pero su sombra se extiende en más de 900 páginas de una estructura en capas, en la que una historia contiene otra y a su vez otra. Su principal defecto es esa ambición, ya que las vidas de los personajes desbordan la premisa del libro y parece que quieren desprenderse del mismo, crear su propia obra independiente. La resolución de todos ellos hacia el final se siente abreviada por eso. No obstante, el viaje es tormentoso e increíble, puro Romanticismo. 

8. Donde solían cantar los dulces pájaros (Kate Wilhelm): la humanidad se halla en peligro de extinción por problemas como las guerras y enfermedades. Ante tal situación, una familia rica consigue crear una comunidad de clones que les permita preservar a la humanidad, sin considerar la independencia y autonomía que en ellos podría surgir. Es considerada como el clásico sobre las clonaciones, publicada en 1976, y se nota conforme la historia avanza. ¿Por qué? Porque parte de una situación romántica para desembocar en la trama más importante, aquella que plantea los conflictos éticos y morales sobre la humanidad, la individualidad y el razonamiento en masa. Cuesta en arrancar, pero compensa al finalizar la primera de las tres partes del libro. 

7. Los sacrificios de la carne (Jhemy Tineo): el ganador del José Watanabe Varas 2021 aparece aquí con un cuentario que funciona también como novela, una fragmentaria y atípica. Las historias se ambientan en un pueblo indeterminado de la selva, marcado por el fanatismo religioso, la violencia sexual, la suciedad y la incursión de militares. Ningún relato tiene tramas cómodas, y eso es genial. De manera constante el autor interpela al “estómago” del lector mediante una prosa breve, directa, que dice mucho en pocas palabras acerca de la animalidad de sus personajes. Si bien se asemeja al libro de Dumett en tanto las tramas mantienen cierta tensión narrativa plana, la escritura consigue cuotas altas de calidad y experimentación. 

6. Regreso a Belzagor (Robert Silverberg): un antiguo funcionario colonizador vuelve al planeta del título para emprender un viaje sobre sí mismo. Esa es la premisa, no hay mayores secretos o complicaciones y, sin embargo, el autor consigue explorar esa posibilidad en una novela sobre el racismo, el colonialismo y el miedo hacia el otro mediante el encuentro entre distintas especies planetarias. Es de 1970 y forma parte de la Nueva Ola de la ciencia ficción dentro del movimiento hippie, lo que se puede notar aquí. No obstante, no es un libro panfletario, sino racional a su modo gracias a la exposición del entramado antropocentrista de los personajes humanos y a esa posibilidad única del género de imaginar otras racionalidades. ¿Los elefantes no son una civilización porque no pueden hablar? me preguntaba mientras leía sus párrafos extensos de largo aliento. 

5. Solo para insomnes (Rocío Uchofen): uno de mis descubrimientos del año. No había leído nada de la autora, y tal vez por eso los relatos me sorprendieron gratamente. La propuesta de sus historias oscila entre el realismo y el fantástico, mediados por un surrealismo proveniente del lenguaje, no de imágenes extrañas y lisérgicas. ¿El resultado? Un cuentario que desprende al lector de una base firme de referencialidad en tanto hay cierto nivel de duda sobre lo que realmente está sucediendo en varias historias, como si la cabaña del bosque fue real, si la carreta vista por la ventana existió o si las puertas prohibidas de un local conducen a espacios imposibles o solo fue un desmayo del protagonista. Para mayores detalles, tiene una reseña en el blog. 

4. Ente (Daniel Collazos): otro descubrimiento del año. Un aspecto que suelo valorar en cualquier libro es la originalidad, pensada como la capacidad para coger de la mano la tradición artística previa y adaptarla a los intereses del creador del modo en que desee. Eso es lo que noté en este cuentario, el uso de tópicos de la ciencia ficción y el terror en tramas innovadoras, que no se limitan a replicar las tantas veces leídas historias sobre aliens, distopías o fantasmas, como gente raptada y elevada al cielo o un vinilo en la búsqueda de un plagio aparentemente inexistente. En todos hay algo más, algún elemento que les da el carácter único o que, por lo menos, apunta hacia ello, ya sea mediante algunos juegos con el lenguaje o los giros de tuerca construidos de manera coherente. Un libro muy divertido, y también tiene reseña en el blog. 

3. Hipernatura (varios autores): lo mismo que en el caso anterior, pero llevado un escalón por encima. Este cuentario reúne a diversas voces, escritores, en torno a una idea: ciencia ficción con plantas peruanas. Algunos con mejores resultados que otros, los cuentos también usan tópicos del género, pero en entornos impensados, como el uso de la totora en un bunker apocalíptico o el eucalipto en un régimen que sacrifica niños. Como lectores no sabemos qué sucederá en el siguiente relato, y esa sorpresa viene acompañada por un esfuerzo consciente en crear una historia bien contada, por lo que la prosa también juega un papel importante en las emociones que desean transmitir. Más detalles doy en su reseña

2. El eternauta (Héctor Germán Oesterheld y Solano López): una Argentina asolada por copos de nieve mortales y una invasión extraterrestre. La historia ya no es de nicho gracias a la reciente adaptación hecha para Netflix, pero el cómic sigue su propio rumbo como un producto de su época, fines de los años 50. Es así que este clásico de la historieta latinoamericana reúne tanto referentes de la cultura popular, como las tramas de invasiones, con preocupaciones sociopolíticas de la época, sobre todo en cuanto al valor de los militares en contextos extremos. ¿Qué puedo escribir que no se haya dicho ya? Un gran protagonista, subtexto social, dibujos de gran calidad por esos blancos y negros y el mérito de ser una historia extensa en un medio algo complicado como el de las viñetas (de corta duración por capítulo), y encima de ciencia ficción para aquellos años. Ahora, debo acotar: está aquí por pocos problemas como el desaprovechamiento de personajes femeninos y la repetición de algunas situaciones de huida y supervivencia, pero en mi corazón este es mi puesto uno, no solo de 2025, sino del cómic en general. 

1. El viajero onírico (Jorge Casilla): primer año con un cuentario en este puesto, segundo libro que leo de Casilla, segunda vez que aparece en mis tops personales. Los libros de cuentos deben ser los más perjudicados en rankings porque dependen de la calidad media del conjunto, en la que suele haber buenos relatos y otros mediocres. Ese no es el caso. Si bien con algunos más potentes, las historias del libro demuestran dos aspectos. Uno, conocer la tradición fantástica, especialmente la borgeana-cortazariana-kafkiana. Dos, contar dos o más historias en una por la posibilidad de relectura e interpretación latente en todas ellas. Irónicamente, salvo por el relato homónimo del título, todos los demás consiguen ese grado de complejidad sin convertirse en textos inentendibles, sino accesibles a diversos tipos de lectores. Conseguir ese balance entre profundidad y claridad requiere de una autoconciencia y esmero tremendos, de diversos borradores, seguramente, y le confiere la calidad de ser uno de los cuentarios en español más sólidos de los últimos años. También tiene reseña en el blog con mayores detalles sobre cada relato.

También quiero destacar dos libros más de relatos. Ambos estuvieron cerca de entrar a la lista, pero contienen historias que por sí mismas valen por sus respectivos conjuntos y están a la altura de los de este ranking. El primero de ellos es El hallazgo, de Jorge Ramos Cabezas, un conjunto de microrrelatos con una fuerte influencia de Luis Loayza y Cortázar en las tramas fantásticas, como en el cuento del título. Es cuando se aleja más de esos referentes que destaca; "DNI" y "San Puta" son buenos ejemplos. El otro es Cuentos góticos, de Elizabeth Gaskell, que contiene una historia tan deudora del gótico como potente por sí misma gracias a su denuncia social sobre la época de la caza de brujas en "La bruja Lois". Del libro de Ramos saldrá una reseña en pocos días; del de Gaskell debo releer algunos cuentos.

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