
No es la primera vez que leo un premio Alfaguara. En su momento compré El mundo de afuera, de Jorge Franco, y me pareció un libro muy bueno. Lo menciono pues la presente novela ganó el mismo premio, pero en 2017, y aunque a primera vista no lo percibí como una historia de ciencia ficción, sí que me sorprendí cuando leí de manera más detenida su sinopsis.
Porque sí que Alfaguara ha publicado algunos textos de ciencia ficción, aunque en la promoción de estos títulos no suele remarcarse el género (como sucedía en las editoriales Orbis y La Factoría de Ideas). Rendición ganó debido a ser una “Una historia kafkiana y orwelliana sobre la autoridad y la manipulación colectiva, una parábola de nuestras sociedades expuestas a la mirada y al juicio de todos” según el jurado, compuesto por Juan Cruz, Samanta Schweblin, Elena Poniatowska, Eva Cosculluela, Marcos Giralt, Andrés Neuman, Pilar Reyes y Santiago Roncagliolo. Como se verá a continuación, tiene más de Aldous Huxley que del propio Orwell, y sin tantos méritos como esos autores clásicos.
Una pareja vive sola en una nación afectada durante años por la guerra, una lucha de la cual se desconoce su origen y sus porqués. Su hijo partió al conflicto y ellos siguen esperando que algún día regrese. Sin embargo, unos enviados del gobierno informan a todo el pueblo que deben partir hacia la ciudad transparente, un lugar protegido de las desgracias externas y en donde todas las paredes, suelos y techos exponen a las personas, inclusive si se encuentran desnudos y/o en el baño; ya saben.
Aunque hay cierta apariencia utópica en tal ciudad, en su conjunto estamos frente a una historia distópica en donde los ciudadanos se encuentran separados entre sí debido a la falta de noticias, pues los medios de comunicación fueron prohibidos. Y dentro de la nueva ciudad las personas transitan de un estado inicial de pánico a uno posterior de alegría. Se asemeja a Un mundo feliz, de Huxley, justamente porque las personas controladas aceptan de manera voluntaria y contenta el control de sus propios cuerpos y emociones. El cómo ocurre es un spoiler, pero en ese sentido las palabras del acta del jurado empieza a fallar. Acierta sí en el lado kafkiano en tanto que la historia trae una constante percepción de la derrota, de la imposibilidad de enfrentarse a fuerzas más allá de nuestro control, como el poder político frente a la subjetividad personal. El tratamiento de ese tema se aborda de manera interesante por la perspectiva plasmada en el protagonista, en el devenir de los sucesos al final y por algunas frases relacionadas. Pero aquí acaba lo bueno.
Si juzgamos la trama, pierde. La idea de una ciudad que desnuda a sus ciudadanos proviene de Nosotros, de Yevgueni Zamiatin, hecho que le quita originalidad a su uso, por lo que importa más el cómo se emplea en el mundo ficcional. En cuanto a ello, la estructura general es pobre si se considera la cantidad de páginas otorgadas a los siguientes segmentos: antes del éxodo – éxodo – ciudad transparente. En ese orden se desenvuelven los acontecimientos, siendo el tercero el principal atractivo. Pero casi en la página 90 los protagonistas recién llegan allí tras un viaje o éxodo con hojas de más. Y cuando ya llegan la narración pierde más en la descripción de la ciudad que en sucesos relevantes que por sí mismos nos muestren el lugar. No es que no ocurran hechos importantes, pero son pocos los que realmente otorgan una tensión necesaria para sostener 200 páginas de distopía.

Ray Loriga en la premiación de Alfaguara
Casi nadie tiene nombre propio, salvo el niño “adoptado” de la pareja principal. Es curioso, pues generalmente esta estrategia sirve para restar personalidad a los personajes, mientras aquí hay un enfoque intimista en el protagonista. Por eso pienso que esta falta de nombres favorece una caracterización general de derrota, como si los sujetos aquí fueran seres sin ningún sentido del futuro que no tienen la necesidad de ser nombrados. Y sí que su futuro es incierto.
Y aquí yacen mis otros conflictos con el libro. Pero veamos. Tiene 3 partes que divide de manera clásica la trama: inicio, nudo, desenlace. Sin números, los capítulos se dividen de manera obvia por cambios de página entre uno y otro, así como los subcapítulos en cada uno por espacios en blanco.
Los problemas se encuentran en el estilo del autor. Como el narrador se encuentra en primera persona y desde la perspectiva del “señor”, existe una visión derrotista, un poco perdida y meditabunda. Se entiende, por ello, que la narración sea cortante por momentos, con algunas sucesiones de acciones que reflejen cierta atmósfera gris inclusive dentro de un espacio supuestamente feliz como la ciudad transparente. Sin embargo, el recurso satura la escritura. La fluidez sufre por un estilo como éste cuando no es bien controlado, y por varios momentos se le va de la mano.
Aun así, lo anterior no es tan problemático como el inicio del libro, cuando las reflexiones, aunque interesantes, parecen pequeñas pastillas reflexivas como si bordearan la autoayuda, aun cuando no tengan esa intención. Un ejemplo de la mezcla de ambos defectos:
El agua hierve, la tetera heredada con su funda de punto, las últimas bolsitas de té… Lo poco que nos queda hierve y se protege y continúa. Algo se muere y vive entre nosotros, algo que no tiene nombre y que decidimos, con muy buen criterio, ignorar. La pasión ignora la mala suerte, o muere. Hemos tomado decisiones; no estar solos es una de ellas. Querer es renunciar a cualquier demonio que nos diga que no querer es posible.
Una contradicción ocurre con la narración del protagonista. Si su bagaje cultural es limitado y más bien debería tener un estilo mucho más coloquial por su anterior forma de vida, ¿por qué utiliza muchos términos refinados y en oraciones a veces muy cuidadas? Podría explicarse por la educación que la señora le brinda, pero de todos modos no se deja de plantear, al menos la duda, sobre si es una licencia literaria o un descuido.

Ray Loriga. Autor de la foto: Flavio Mattos
A pesar de todo, Rendición no es una novela pésima. Tampoco es muy buena y no renueva la novela distópica, pero sí plantea temas interesantes como la del título, la pérdida de la personalidad y la familia, todos ellos en época de guerra. Lo podemos resumir en “pudo ser mejor, pero también peor”. Eso sí, para premio no es suficiente.
Detalles técnicos:

Género: ciencia ficción
Editorial: Alfaguara
Año de publicación: 2017
N° de páginas: 210