19 May
Niños del pájaro azul, de Karina Pacheco, es un revólver

La autora de este libro debe ser una de las más reconocibles de entre la producción actual, sobre todo en nombres femeninos. Indicadores de ello son el Premio Nacional de Literatura, que obtuvo en 2022 por su novela El año del viento, y la existencia de dos tesis sobre su producción, realizadas por investigadoras de la PUCP.  Con una carrera literaria iniciada en 2006 y doce títulos a cuestas, su producción premiada y hecha objeto de interés académico también empleó el registro fantástico dentro de las tramas realistas que suele contener. Uno de los frutos de esa mezcla es su última obra. 

Niños del pájaro azul apareció en 2024 como su quinto cuentario publicado (incluida la antología Miradas, de 2015). Los siete relatos aterrizan en la violencia, observada desde dos perspectivas: primera, la cometida por los altos cargos políticos y militares; segunda, la silenciada sobre las mujeres. En más de una ocasión ambas son el eje, en otros casos se prioriza más uno que otro, pero todos representan un crimen del pasado con resonancias en el presente de la historia cuando algún personaje, como un familiar o un investigador, reconstruye el contexto de la tragedia. 

A partir de ese tópico, surgen algunas constantes y diferencias entre cada texto. La extensión mediana de cada uno le permite poseer un desarrollo un poco extenso de sus historias, tanto que al finalizarlos podemos sentir que nos hallamos frente a mininovelas. Ese juego de saltos al pasado y presente contribuye al efecto. Por otra parte, priman los espacios rurales o alejados de la ciudad ajetreada. Son lugares donde los personajes parecen más vulnerables al capricho o complicidad de los victimarios, donde ni siquiera una justicia fallida llega, o si sucede, no basta. 

El lado fantástico se encuentra en tres relatos, aunque en dos más hay insinuaciones («Caimán Xuxian» y «Trenzas de sirena»). La autora utiliza el género como un complemento simbólico de sus historias, donde funcionan como símbolos de algo: la voz de las víctimas o la presencia de la fatalidad y el destino. No se encuentran en la primera plana de la historia, sino que entre los márgenes atraviesan todo el relato para ayudar a construir su sentido de manera sutil. Por ejemplo, «Hermano zorro» trata sobre la investigación hacia un hombre acusado por error de haber ayudado a terroristas, mientras la figura del animal es introducido como un parpadeo, en breves momentos, solo para comprender su utilidad y conexión con lo demás cuando finalizamos la lectura. 

Si pensamos en la prosa, considero que es uno de los dos factores que realzan al libro. El primero es la estructura de las historias, como mencionaba más arriba. Por su parte, la escritura de Pacheco goza de un gran control sobre el ritmo. Para ejemplificarlo, piensan en alguna de tus canciones favoritas. ¿Por qué te gusta más? ¿Tal vez por algunos segundos en especial, cuando la voz, los instrumentos o ambos se transforman o consiguen un sonido muy peculiar? Los coros suelen ser anticipados por el aumento del sonido o su suspensión, ello gracias a un ritmo conseguido. Aquí sucede lo mismo. No solo se nos describen las escenas: las sientes. El narrador puede contar un evento, y sin darnos cuenta ha creado una capa sutil de nostalgia o tristeza casi imperceptible que baña el resto de la narración. Asimismo, a veces las oraciones son detenidas por una mucho más breve, precisa, impactante. Un revólver, como el disparo de un revólver. A veces, sirve para incorporar el cuestionamiento hacia algún tema o personaje. 

Florián Evangelista no esperó más. Y no imitó el rito. Metió los dedos en ese corazón todavía palpitante y se los chupó. Florián Evangelista. ¿Cuántas maneras hay para saciar la sed de los hombres brillantes? (fragmento de «Niños del pájaro azul») 

Karina Pacheco. Fuente: Diario Correo

Ahora sí vamos al contenido de cada uno. Me costó un poco sintetizar sus sinopsis, pues no son cuentos lineales con un planteamiento predecible desde el inicio, un reto que da gusto porque se nota el esfuerzo detrás. Empezaré por el que menos me convenció del conjunto. 

  • Caimán Xuxian: un alto cargo político desaparece en una región selvática por una pieza de oro en su posesión. Este caso lleva a una teniente a descubrir una red de corrupción, avaricia y más crímenes en medio de la fiebre del oro. El desarrollo de la trama reúne más de una subtrama desde dos miradas y personajes distintos, lo que complejiza y enriquece más la comprensión del caso. No obstante, esa amalgama de impunidades y horrores desborda el cierre, pues recién allí se establece la analogía mítica indicada en el título. Este elemento forzado, de último minuto, no consigue condensar toda la denuncia leída en el resto de la historia.

En cambio, todos los demás me parecen buenos, algunos hasta memorables: «Niños del pájaro azul», «Todo empieza» y «Las flores de Gwen». 

  • Niños del pájaro azul: un alto cargo del ejército se halla involucrado en el narcotráfico, en el que la desaparición de menores es un problema más. Ante ello, dos agentes de menor rango que trabajan para él se plantean oponerse. Si bien la premisa parecería indicar que la historia virará hacia un lado, el desarrollo nos lleva por un camino alterno, uno donde lo fantástico le da un matiz simbólico, casi justiciero. Desde este relato se observa el ritmo pausado pero firme en la reconstrucción de los sucesos para entender la escena inicial.
  • Hermano zorro: una mujer entrevista a una vendedora de joyas para escribir un libro relacionado a la acusación que sufrió su padre en los años 80, señalado como financista de los terroristas de Sendero Luminoso. La trama se deshilvana de manera paulatina, con viajes al pasado para conocer lo sucedido con el papá, pero también por qué parece hay una tensión implícita entre ambas mujeres. Por varios momentos, parece una novela corta en tanto bajo el conflicto principal surgen más de una subtrama que dará sentido a esas desviaciones de la linea principal cuando hayamos finalizado la lectura. Y por ahí se asoma también lo fantástico.
  • Todo empieza: un hombre ya adulto reconstruye la desaparición de su amor colegial, retenida por el ejército junto con otras mujeres. Si bien también es un relato un tanto extenso, aquí no hay subtramas que parezcan alejarse de la premisa, sino que todo sirve para abordar las desapariciones y asesinatos cometidos en la época del terrorismo por ese bando y el militar. La perspectiva del narrador es la del protagonista, de modo que podemos leer (y sentir) las emociones del personaje medidas por el paso del tiempo. Y aun así no cae en el melodramatismo fácil, sino que expresa la tristeza desde una melancolía muchas veces implícita. Por cierto, este relato es realista, pero hay menciones a los ovnis de acuerdo a los avistamientos de esa época, según la historia.
  • Eclipse: el asesinato de su hermano y posterior juicio al posible responsable llevan a la hermana a rememorar el pasado, cuando el aparente verdugo era amigo de adolescencia. De corte realista, también, hay una mirada nostálgica sobre los tiempos perdidos, los mejores tiempos, a través de un personaje que fue más testigo que protagonista de esos eventos, y que por lo mismo transmite una versión apegada y a la vez ajena.
  • Las flores de Gwen: el asesinato de una extranjera a mediados del siglo XX que llegó a Perú para realizar una investigación botánica es envuelto en más eventos extraños, sobre todo por el trauma de unos niños que pudieron conectar con ese evento... tiempo después de sucedido. Si bien este es el evento transversal a toda la historia, mediante ella la autora nos relata los viejos tiempos del poblado, la fascinación por los foráneos, las leyendas y creencias, y dentro de todo, la impunidad del crimen. El logro del relato consiste en hilvanar varios eventos para llevarnos por el origen y explicación de la muerte en una lógica policial que se desborda a sí misma sin perder de vista el misterio. Además, es mi favorito.
  • Trenzas de sirena: una mujer viaja a la laguna de Urpay para enfrentar su pasado familiar, marcado por el maltrato a la abuela, su belleza y la música producida por el violín, herencia del abuelo. Como es costumbre en gran parte de los cuentos, la premisa la sabemos páginas después del inicio en tanto hay un viaje al pasado para reconstruir la vida de una familia, cuyas desgracias explicarán el presente como si fuera una novela corta muy contenida, a la que no le sobra nada. Por cierto, a pesar del título no es fantástico, pero sí juega con algunos detalles, como los rumores sobre sirenas.

Una ironía implícita se cierne sobre el libro. Es seguro que puede dejar indiferente a algunos lectores, sobre todo a quienes buscan tramas trepidantes (ritmo veloz) o con un estilo narrativo directo. Estos cuentos no caminan hacia ese lado, inclusive puede parecer que narran sucesos sin un norte, sin un conflicto tan claro. Sin embargo, esa es la trampa, pues si te dejas llevar por la voz narradora y no solo por los sucesos conseguirás comprender las emociones de estos personajes, de los reconstructores del pasado violento. Y en ese paseo por cada historia horrible, sin darte cuenta, recibirás un disparo. Un cadáver en el cuento y tú, su nuevo doliente.

Detalles técnicos

Género: Fantástico

Editorial: Alfaguara

Año de publicación: 2024

N° de páginas: 188

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