18 Mar
En la garganta del diablo, de José Donayre, no es un libro de leyendas

La primera vez que leí al autor fue en 2017 con su novela Doble de vampiro (2012), una interpretación de la historia de Sara Ellen. Esta famosa inglesa fue motivo de temor popular en Pisco durante los años 90, cuando se creía que en 1993 resurgiría de su tumba como vampiresa. Desde ese entonces se perfilaba ya uno de los intereses creativos de Donayre: la recuperación de leyendas populares en piezas literarias. 

Catorce años después, regresa con otro libro que continúa esa vena ficcional, un cuentario de 21 relatos que también asimila tramas populares, orales, bajo la forma de ficción. Porque En la garganta del diablo no es una recopilación con intereses antropológicos, sino un libro de cuentos basado, en su mayor parte, en leyendas de terror. Pero ¿cómo funciona? 

Este tipo de relatos orales se suelen situar en dos espacios: campo y ciudad. Los primeros contienen elementos propios de la vida rural y representan tabúes morales de determinadas localidades, tales como el incesto o la avaricia. Los segundos, en cambio, suelen ambientarse en espacios urbanos o son de aparición reciente. Esta separación es general, pero sirve para ubicar al cuentario en el segundo grupo, principalmente. Varias historias suceden en lugares como apartamentos, espacios públicos, iglesias, hospitales, entre algunos más. Pocos representan elementos andinos o amazónicos, como los condenados, el chullachaki o las cabezas voladoras. El primer relato se sitúa aquí, pero los demás viran hacia el bloque urbano. Un tercer grupo es liminal entre ambos, si nos referimos a espacios: los alejados de cualquier presencia humana. Así, tenemos esas historias de carretera, playas, rutas perdidas y similares. 

Otro elemento importante del libro es la naturaleza de lo fantástico. En una primera lectura noté lo más evidente, es decir, su semejanza con las leyendas que podemos encontrar en algún libro recopilatorio. Sin embargo, en esa simplicidad se encuentra un mérito que puede pasar desapercibido: la irrupción de la realidad sucede desde el inicio. Mientras otra literatura sobrenatural introduce al monstruo o elemento extraño en algún momento de la trama (salvo al inicio, a menos que juegue con la temporalidad), aquí sabemos desde el principio que algo malo sucederá, y gracias al cuento en sí mismo como al conjunto en sí, puesto que el primer texto y la contraportada ya nos indica el tipo de ficción breve. Así, no son solo meras copias de relatos orales, sino representaciones semejantes a ellas, un uso de la estructura de las leyendas según la voluntad del narrador. Inclusive, más de un cuento no se basa explícitamente en una historia popular real, por lo que se reafirma este uso ficticio del registro popular. 

José Donayre dirige la editorial Grafos & Maquinaciones. Fuente: Caretas.

Ahora bien, también hay cuentos más tradicionales. En ellos lo fantástico si irrumpe en momentos avanzados de la historia, se alejan del tono y estructura del terror oral y se acercan al gótico. Contrario a lo que podría suceder en otros conjuntos, estos le dan un soplo de aire fresco por ese desentono con el resto del contenido, ayuda a evitar una monotonía que el libro en sí adolece cuando uno como lector ya ha leído varios cuentos con la estructura narrativa similar. 

A propósito del último punto, también se pueden apuntar algunos puntos flacos. El más notorio es el que mencioné arriba, pero no afectada a los relatos por separado, sino a la experiencia del total. Para ello, recomiendo alternar con otra lectura, tal vez alguna novela. Otro sí propio de algunas de estas ficciones es la previsibilidad del final. Las leyendas se acercan al microrrelato en tanto son muy contenidos en sí, sus historias no desarrollan dos o más conflictos, suelen ser lineales. Estos cuentos también, pero algunos sostienen su atractivo solo en el elemento tétrico de turno, por lo que son los más planos. 

¿Cuáles son los mejores, cuáles no? Si bien son varios, prefiero indicarles la premisa de cada uno. Así, también pueden darse una idea de los temas abordados, como la maternidad (monstruosa) o el tormento del pasado. 

Empiezo por las historias que siguen o usan las fórmulas de las leyendas. 

  • Aparecidos, gentiles y condenados: un niño tiene prohibido subir solo a la azotea, ya que está habitado por condenados. Es el primero del libro, narrado como una vivencia del pasado y al modo de las historias orales de terror sobre experiencias paranormales. El aspecto curioso es que los monstruos del título, usualmente rurales, aparecen en una casa citadina. Allí ya hay una ruptura inicial con las leyendas clásicas. 
  • Diablo parlero: se narra la leyenda del diablo que habla desde el río Rímac y las repercusiones fatales en la familia del protagonista. El final es inquietante. 
  • La viuda: un joven de la costa, Leonardo, es atacado por el espectro de una mujer que habita la isla del título, quien suele aparecer para lamentarse y buscar a su esposo muerto. Las acciones temerarias del protagonista no tienen mucho sentido ni se explica el por qué de ellas, lo que pudo mejorar el impacto de la relación entre víctima y victimario. 
  • Campanadas: un conductor de camión se encuentra con una extraña mujer en plena carretera, de noche, por una zona llamada Garganta del Diablo. De todos, es el más cercano a los relatos que puedes hallar en libros de leyendas, por lo que tiene un estilo y regusto clásico. 
  • La otra mano: durante la época del terrorismo, en Jesús María dos amigos se adentran en la leyenda de un hombre con la mano torcida... hasta hallarlo. El problema es su humor involuntario en momentos críticos. 
  • Manchaytimpu: en Chosica, unos amigos exploran un sendero a propósito de una leyenda sobre unas voces que desvanecen a las personas en el aire. Entonces, la desaparición de uno de ellos provoca el trauma en el protagonista. Aquí el horror aparece en momentos precisos y conserva el aura de misterio en el fenómeno paranormal. 
  • Cuando llegue Rufino Latebroso: en un departamento una mujer encuentra a un condenado, quien le invita una "taza de te". El título juega con las palabras "late" y "tenebroso", un aspecto lúdico, además que se suspende el miedo para permitir el diálogo entre humana y no humano. No es un relato de terror al uso, por lo que funciona más como una historia paranormal irónica. 
  • El cajón número trece: antes de la Revolución Francesa, un ayudante de morgue desobedece una advertencia y encuentra una máscara mortuoria que le agobiará desde ese momento. El cierre es abrupto, pero la adaptación al lenguaje y cosmovisión de la época le da un buen plus al lograr recrear la ambientación de la época. 
  • Entre los muros del tiempo: la carta de su abuelo escrita treinta años atrás motiva a un chico a viajar hasta un monasterio oculto entre rocas, en el que se encuentra un libro que no puede ser leído dos veces. Es uno de los más complejos y mejores del conjunto, establece paradojas que le merecen relecturas. 
  • La sangre del primero: en el siglo XVIII, un niño producto de una india y un español nace en las Américas, cuyo comportamiento extraño produce rumores y tragedias. Está narrado a dos voces, entre el padre y el hijo, lo cual le da dinamismo al mismo acto de narrar. 
  • El que desgarra en la niebla: en la Garganta del Diablo, un curandero se adentra y encuentra con la versión animal de sí mismo. No hay tensión narrativa, se sabe desde el inicio lo que podría ocurrirle al protagonista. 
  • María Pizarro: está basada en la leyenda real de la mujer hómonima, quien en 1568 es declarada como poseída por demonios. La historia sigue el evento desde la perspectiva de Francisco de la Cruz, fraile condenado a la hoguera en la vida real por la Inquisición, y ajusticiado también en esta ficción. Él nos cuenta el exorcismo de María y el cómo acabaron ambos en sus respectivas situaciones. Si bien pertenece al bloque de relatos basados en miedos populares, esta es distinta a nivel de estructura narrativa, saltando entre tiempos para ahondar en el miedo y resolución del protagonista contra la Iglesia.
La Garganta del Diablo es un lugar real en Perú ubicado antes del cañón de Ushco, en la carretera Lima-Huancayo. Fuente: Infobae

Los relatos que se alejan de las leyendas y son cuentos tradicionales de terror son los siguientes:

  • La lengua de las sombras: una pintora crea un cuadro maldito, realizado a partir de pesadillas y voces susurrantes. No hay algún gran cambio en la historia, solo se sabe que hay una entidad proveniente de esa creación. 
  • Una espiral mal hecha: Elías, el ayudante de una curandera, ingresa a una casa que tiene la fama de tener conciencia propia, donde se topará con secretos relevantes para él mismo. Aquí tampoco se queda en la leyenda, sino que usa una para crear una trama más personal sobre la interacción entre la entidad y el protagonista. 
  • Las larvas del padre: en un hospital, se rumorea la presencia de "algo" en el tercer subsuelo, del que solo conoce la verdad uno de los trabajadores más antiguos. Aquí el terror es creciente hasta desembocar en el horror, bien logrado. 
  • La parturienta de Piedra Azul: la llegada de una mujer a un pueblo empieza a provocar malos augurios y señales, sobre todo cuando queda embarazada. Este es un buen ejemplo del nivel del horror en el libro, ya que es explícito (sangre, placenta, ratones) sin abandonar la historia y su nivel simbólico (la otrificación de la mujer monstruo por parte de un pueblo conservador) por el impacto vano de la violencia por la violencia. 
  • Nuevo pacto: la paz de un pueblo es alterada cuando una mujer en una fosa común es hallada viva, pero con intenciones siniestras. El terror permanece todo el momento, de modo que su aporte se da en el modo en que se interpreta el título en el libro. ¿Cómo se inserta el elemento bíblico? La respuesta es de un sutil humor negro. 
  • Una ciudad que flotaba sobre cadáveres: en 1741, un joven recibe una invitación para ir a una iglesia, en la que empieza a escuchar música proveniente no de algún instrumento, sino del interior de su cuerpo. El desarrollo es plano y algo predecible hacia el final. 
  • Los corredores de Levehemot: un submarino es tragado por una inmensa criatura marina, dentro de la cual la tripulación sobrevive en zonas que parecen tener vida propia. Aunque se deduce hacia dónde apunta la historia, las descripciones de cada víctima aumentan progresivamente el pánico y horror en el cuento. 
  • Phillips 666: Stephen King le encarga a un autor en Perú que traduzca un libro nacional mientras permanece solitario en una cabaña, hasta que algo parece fuera de lugar. Hasta este punto es el más distinto de los demás, ya que se vale de un elemento de la cultura popular como King. 
  • La garganta del diablo: desde una llamada telefónica, un hombre comunica a su amiga su situación, perdido en un lugar peligroso donde el mundo no es como lo conocemos. El cuento tenía potencial dado el formato inicial, pero el diálogo entre ambos personajes carece de la fuerza y emoción en una situación tan crítica como en la que se halla el protagonista. 

«Por un instante, sus ojos se tornaron pupilas de carbón, su boca se abrió descomunal para revelarme el horror de la garganta del diablo», describe el cuento «María Pizarro». Algunas historias se ambientan en lugares con el mismo nombre; otras, como esta, lo introducen como una figura literaria. En uno u otro sentido, se puede intuir que señalan a espacios o atmósferas en los que el mal se halla en todas partes se mire a donde se mire, lo cual resulta en una sensación de claustrofobia o encierro dentro de una trama fatídica o sin finales positivos. Varios cuentos son así, y señala el tono general del libro. Eso sí, la crítica social no es dejada de lado, pero sin caer en el panfleto. Ello se oculta y se muestra bajo otra forma, la de esa garganta.

Detalles técnicos:

Género: Fantástico

Editorial: Grafos & Maquinaciones 

Año de publicación: 2026

Nº de páginas: 120

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